Cómo elegir el seguro de vida adecuado, más allá del precio

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08/01/2026

Para cualquier consumidor, el precio del producto que desea adquirir es uno de los factores importantes a la hora de tomar la decisión de compra. Sin embargo, cuando hablamos de seguro de vida, no debe ser el único elemento a tener en cuenta, porque las diferencias de precio suelen responder a que existen, también, diferencias en las condiciones que ofrece cada seguro. De ahí que podamos decir que no siempre el seguro más barato representa una gran oportunidad ni el más caro es una garantía de que hemos cubierto nuestras necesidades de la mejor manera posible.

Lo ideal es encontrar el seguro de vida que se adapte perfectamente a nuestra situación personal y familiar. No se trata de contratar un producto estándar, sino aquel que se pueda personalizar de manera que cubra las necesidades específicas de cada cliente.

Lo principal es tener siempre en mente cuál es el objetivo de un seguro de vida: garantizar el bienestar económico de nuestros seres queridos si nos ocurriera una fatalidad imprevista y ya no pudieran contar con nuestra aportación a la economía familiar. Por lo tanto, basar la elección en el precio, aun siendo un factor importante, puede distraernos de lo importante. Por lo tanto, conviene centrarse en analizar realmente nuestras necesidades, encontrar aquellos productos que solucionen esas necesidades y, entonces sí, valorar el resto de otras cuestiones, entre ellas el coste. A la hora de elegir el seguro de vida que cubra adecuadamente nuestras necesidades, lo principal es fijar qué cantidad necesitarán lo beneficiarios para subsistir en buenas condiciones económicas. Es decir, hay que calcular cual será la suma asegurada, algo que es crucial, aunque no lo único, para determinar el coste de la prima. Y este capital asegurado depende las condiciones particulares de cada persona.

En principio, podemos decir que la suma asegurada debería cubrir, al menos, entre 5 y 10 veces nuestros ingresos anuales. Sin embargo, esta cifra puede aumentar si tenemos préstamos o hipotecas pendientes de amortizar, si hay hijos menores en etapa de crianza o si tenemos previsto que éstos cursen estudios superiores, etc. A todos estos factores pueden sumarse otros de índoles profesional, especialmente si el asegurado cuenta con una empresa y quiere planificar bien la sucesión y proteger el patrimonio.

Otro de los aspectos más valorados es su capacidad para ofrecer un trato cercano y personalizado, de manera que pueda conocer a fondo la situación patrimonial, familiar y personal del cliente. De esa forma, es más sencillo encontrar una solución realmente adaptada a sus necesidades y afrontar sus preocupaciones.

Una vez que se ha establecido la suma asegurada adecuada, conviene analizar cuántos de los factores que hemos valorado son permanentes y cuántos son meramente temporales. Si lo más importante es cubrir cargas financieras, como hipotecas y préstamos, y garantizar los recursos necesarios para criar a los hijos, estamos hablando de necesidades temporales, puesto que las deudas acaban venciendo y los niños terminan convirtiéndose en adultos. En este caso, posiblemente el tipo de seguro de vida más apropiado sería un seguro de vida a término (también llamado temporal), por el que se cubre el riesgo hasta un momento concreto especificado en la póliza.

No obstante, si el interesado tiene otro tipo de factores, como tener a su cargo personas dependientes o es responsable del futuro de una empresa, sus necesidades ya no son temporales puesto que, a priori, no hay un plazo previsible para que esos riesgos desaparezcan. En esta situación, la opción que mejor puede adaptarse el un seguro de vida entera o permanente.

El análisis de la situación financiera, patrimonial, empresarial y familiar puede resultar muy compleja, por lo cual conviene contar con un mediador de seguros que sea capaz de ayudarnos a detectar nuestras necesidades, pues no siempre somos conscientes de todas ellas. Una vez perfilada con precisión la situación de la persona que se va a asegurar es mucho más sencillo acertar con el producto que realmente cubre las situaciones específicas de cada persona, sin contratar una cobertura deficiente ni pagar de más por garantías que no sean necesarias.

Tras estos pasos, también hay que tener en cuenta otros elementos técnicos propios del seguro de vida. Así, es recomendable prestar atención a las exclusiones, es decir, aquellas situaciones que la póliza no cubre. Hay seguros no cubren la invalidez, otras que excluyen determinadas enfermedades graves, etc. Hay también penalizaciones que pueden aplicarse por diversos factores de riesgo, como, por ejemplo, el ejercicio de determinadas profesiones, la necesidad de realizar viajes frecuentes o el practicar algún deporte de riesgo. Son elementos que, en caso de estar cubiertos, las aseguradoras tienen en cuenta a la hora de fijar el precio del seguro.

También es importante que el seguro ofrezca cierta flexibilidad, puesto que, con el paso del tiempo, tanto la situación personal y familiar del asegurado como su realidad profesional pueden cambiar. Por lo tanto, es importante que la póliza permita no solo el cambio de beneficiarios, sino también modificar el capital asegurado para ajustarlo a sus nuevas necesidades.

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